Gestión de la comunicación: tres ideas para avanzar

lluviaMás de sesenta profesionales de notables perfiles comenzaron el viernes 9 de mayo a cursar las maestrías que imparte la Escuela de Posgrados en Comunicación de la Universidad Austral. Con los 14 alumnos que iniciaron el doctorado en la nueva época del doctorado en comunicación suman una población de alumnos de posgrado en comunicación que me suena única en la Argentina.

Al darles la bienvenida compartí con ellos tres ideas que resumo así:

La comunicación se ha convertido en una de las disciplinas más requeridas por todos los campos profesionales. Si hace poco estuvo confinada a un dirección o gerencia de las empresas, hoy desde las áreas de recursos humanos y de marketing hasta la alta dirección le piden a la comunicación la solución de sus problemas, se llamen estos crisis públicas, relaciones con los gobiernos, clima organizacional, negocación con los sindicatos o cambio cultural. Y no sólo las empresas, evidentemente, también la política, la cultura, el Estado o las organizaciones sociales han ubicado a la comunicación en el lugar de una koiné.

Algo similar sucede en el sector de los contenidos. Antes eran algo exclusivo de los medios o de las industrias creativas, pero hoy las marcas o las instituciones políticas generan contenidos. Y abundan las producciones amateur, los user generated contents y los free lancers.

La primera idea es: cuando la comunicación se hizo más universal y todos opinan sobre ella y creen entender de ella se necesita como nunca expertos. Nunca como ahora la gestión de la comunicación y la gestión de los contenidos fueron tan complejos, ni las decisiones en la materia tuvieron consecuencias tan extendidas.

Esta idea lleva a la otra. El enemigo es el lugar común. Que la comunicación sea un saber experto quiere decir que el especialista en comunicación no se detiene en la respuesta obvia o de sentido común, ni siquiera en el sentido común de los oficios de comunicación. Los periodistas, por ejemplo, suelen ser los últimos en advertir la crisis de legitimidad que sufre la profesión. Hacen falta nuevos marcos explicativos para problemas nuevos. De las ideas de siempre surgen las propuestas de siempre. Hoy ni las industrias creativas, como la publicitaria, tienen tiempo para pensar fuera de la caja: la innovación no cuenta con el mínimo de calma que exige innovar.

La tercera idea es, en consecuencia, que necesitamos seguir aprendiendo. La comunicación es una profesión de formación continua, no queda otra. Basta mirar un poco para atrás en la evolución de las tecnologías, de las organizaciones o de las prácticas culturales. Pero, ¿qué significa aprender? Aprender significa introducir un cambio en nuestra cognición o, incluso, en nuestra actitud. Aprender es cambiar. Hoy las ciencias cognitivas explican la innovación y el cambio de marco explicativo a partir de la proliferación. Cuantas más teorías, conjeturas o ideas se barajen es más probable contar con los recursos adecuados a la situación nueva que se nos presenta cada vez.

De modo que pensar la gestión de la comunicación o de los contenidos como una expertise, que lleva a superar el sentido común y exige un aprendizaje continuo es lo que les dije a los nuevos alumnos de la Maestría en Gestión de la Comunicación en las Organizaciones y de la Maestría en Gestión de Contenidos de la Austral, que, by the way, inauguraron magnífica nueva sede en Cerrito y Juncal.

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Blog: el otro, el mismo

escribirHabía pensado abandonar el blog. Tengo que confesarlo. Nunca fui excesivamente prolífico, pero un año sin publicar ya se parecía tanto a abandonar el blog que daba pena desmentir la tendencia con una nueva entrada intespestiva. Como esta. Un blog en el que no se escribe por un año no es un blog. Y ahí estamos empezando a entrar en el tema de esta entrada casi póstuma.

El único motivo que me lleva a escribir este post es que el viernes pasaso he comenzado las clases de un nuevo curso de la Maestría en Gestión de Contenidos de la Universidad Austral. Y lo hice con mi materia Discursos y audiencias, que siendo  presencial, cuenta desde hace un tiempo con un aula virtual, con un enlace a este blog. Profesor de gestión de contenidos al fin, me parece un desaire con los nuevos alumnos que el link a mi blog académico conduza a este album antiguo, blog sin actualizar, ex-blog.

Pues he pensado que este blog se convierta en un repositorio (por no usar palabras más fea, creo que no hay) de los contenidos útiles para mis colegas y alumnos. Y una plataforma de salida de contenidos hacia otros sitios hoy más frecuentados que los blogs. Sería una buena idea si no la hubiera pensado y anunciado ya un par de veces.

A continuación: otros ámbitos donde aparezco (poco).

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Reputación

Llorente“212” me dijo el taxista apenas subí al taxi. “¿Cómo?”, inquirí. “212 de Carolina Herrera, el perfume que llevás puesto”. El guiño estaba implícito: me elogiaba el gusto y al mismo tiempo se mandaba la parte. Los supuestos que hacen posible ese diálogo insólito son el contenido de la reputación de marca.

El domingo 31 de marzo Raquel San Martín publicó una nota sobre mi actual producción científica en la sección “Ideas en marcha” del suplemento “Enfoques” del diario La Nación. Un montón de conocidos me dijeron que la leyeron, sobre todo aquellos que no son del campo académico: familiares, vecinos, mi profe de inglés y ¡hasta alumnos de la licenciatura! (que ya pertenecen a una generación que nunca compró el diario, por mucho que estudien comunicación, y no por eso están desinformados, como creen los visitantes digitales). Nota: un alumno de la nueva camada de la Maestría en Gestión de Contenidos de la Austral me puso al tanto de la sustitución del par nativos vs inmigrantes digitales, de Marc Prensky, por el par residentes vs visitantes, de David White. Como en Internet, los roles de emisor y receptor son intercambiables en mi clase. Luego colgué la nota en Facebook (no tengo alumnos de grado entre mis amigos de FB) y recibí cientos de felicitaciones. La más divertida, la de una amiga polaca que vive en Estados Unidos y no habla español, así que me felicitó sin saber por qué.

Reflexión pertinente. Aunque se lean más en la versión on line y por las redes sociales que en papel, las notas se leen (o se dejan de leer) porque fueron publicadas por La Nación. El publicar en La Nación, o ser entrevistado por ese diario, colabora al prestigio del intelectual que quiere ampliar su círculo de influencia del estrecho circuito académico a la esfera pública, por donde de verdad circulan los discurso que interpelan a la sociedad. Eso también es reputación de marca. El diario podrá crear valor con la amplia difusión de sus piezas por los nuevos medios y por las redes sociales, debida a que llevan la firma de La Nación, si encuentra su modelo de negocio en Internet y si su reputación no sucumbe en la guerra contra el Gobierno en que está trabada.

De reputación se habló en la presentación del libro de Antonio Llorente que realizaron el IAE y la EPC el jueves 11. Pablo Abiad, director de Llorente & Cuenca de Buenos Aires presentó al autor. Luciano Elizalde, Director de la Maestría en Gestión de la Comunicación en las Organizaciones de la Universidad Austral, enmarcó el libro desde una perspectiva académica, que enfoca los mecanismos de reputación en la comunicación personal, mucho más que en la pública. Dijo: “Los medios de Comunicación más importantes que tienen hoy las organizaciones son las personas”, “La fuente del liderazgo son los mensajes”, “Hay mecanismos emocionales, no sólo morales y técnicos, en la reputación”, “Los proyectos políticos se construyen a partir de las personas. Y eso pasa de la política a las corporaciones”. Como se ve, Twitter me sirvió de libreta de apuntes.

Luego Javier Silva, profesor de Marketing del IAE, entrevistó al socio fundador de Llorente & Cuenca. Su libro: Reputación y liderazgo, se puede bajar acá.”La reputación no nos pertenece”, afirmó José Antonio Llorente. En sus respuestas se detuvo especialmente en la reputación en el mundo digital. “Un mundo de redes sociales es transparente y deja al descubierto virtudes y defectos de los líderes”, “Más que crisis de liderazgo lo que hoy sucede es que los líderes están más expuestos. Se necesita más capacidad de conectar con la gente”, “El mundo de los valores intangibles ya es un valor tangible en las compañías”, “Los productos se hacen servicios, el éxito de una empresa puede no venir de la promesa de valor de sus productos”, “En un mundo transparente hay que operar con la verdad”, “El mundo on líne es transparente y permite la medición objetiva. Podría haber un acuerdo de cómo medir la reputación on líne”.

En fin, hay que seguir hablando de reputación. Nos falta completar su cartografía, ver cómo circula, y quienes la hacen circular, sobre todo en un contexto -como el de nuestro país- en el que toda persona pública, toda institución, tiene el campo minado. De transmedia hablamos un rato en la primera clase de Discursos y Audiencias de la MGC, de ahí la conversación suscitada con los alumnos. Va un texto mío sobre el tema, escrito para la página de la EPC. Más de cincuenta profesionales de perfiles notables comenzaron el viernes las maestrías en comunicación de la Austral: tal vez eso también empiece a ser reputación.

[En la foto, de izq a der: Luciano Elizalde (EPC), Javier Silva (IAE), Yo, Antonio Llorente, Pablo Abiad (Llorente & Cuenca) y Guillermo Nanni (IAE)]

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Francisco, emprendedorismo y comunicación

ideasEl mismo 13 de marzo, me preguntó @juanibelbis por Twitter: “¿Cómo impactará la elección del primer Papa argentino en la vida política de nuestro país?”. No estaba entonces en condiciones de contestar semejante pregunta, ni lo estoy ahora. Quizás este sea más bien el momento de indagar el significado espiritual de la novedad. Como anticipé aquí mismo: para sorpresas, Dios. Los medios sí han hablado mucho: análisis microscópicos de los gestos de Francisco, hipertrofia de la anécdota. Hubo que llenar tanto espacio y tanto tiempo con materia tan desconocida para la tele, para Caras o Gente, que estamos ante una proeza periodística.

Primero los periodistas empezaron a hablar como curas. Luego, los políticos siguieren hablando como Obispos. La conversión del kirchnerismo al francisquismo no deja de ser patética expresión de verticalidad por el hecho de que vaya en la dirección que nos gusta. No pasará por ahí la influencia del Papa Francisco sobre su patria. En cambio, advierto otros síntomas más auténticos y de gran influencia también en el espacio público. El primero es el de la esperanza renovada en un horizonte negativo en lo económico, político y social. Luego viene el hecho de que nos hayamos puesto a hablar de religión, en un país de católicos vergonzantes. Las primeras palabras de Francisco se dirijen a recuperar la esencia del cristianismo: la sencillez, el ciudado del otro, la lucha por la paz y contra la probreza. Estas actitudes van a infiltrase de a poco en el estilo de vida de los argentinos. La primera vez que Berlusconi ganó las elecciones, Umberto Eco dijo que había vencido porque tenía un emporio de medios de comunicación (Mediaset) que le había permitido, no tanto hacer márketing electoral como armar la mentalidad de sus electores: la axiología del capitalismo individualista. Igual de indirecta será la influencia de Francisco, pero en dirección opuesta. José Alberto Romero ya se ocupó de hacer una lectura más directa y ecuánime de la mentalidad política del Papa. Coincidí con él en octubre del 2012 en Tucumán, invitados ambos por la Escuela de Jóvenes Líderes del Instituto Lebenshon. Proféticamente hablamos del cruce entre política y religión.

Tal vez se haya cruzado otra agenda, trascendente, en la política doméstica. Tal vez el capital simbólico del kirchnerismo compita ahora con el de una Iglesia argentina alineada con Francisco que opera en el mismo pueblo. El catolicismo no tiene una única opinión política, pero el Evangelio tiene consecuencias en la vida social (y en la gestión). La utopía evangélica es empeñarse totalmente en el bien de todos los hombres y de todo el hombre.

Hablando de esperanza: hay una movida en Buenos Aires que vincula los conceptos de Emprendedorismo, Tecnología y Solidaridad. Dos términos remiten a una relación polar o, cuanto más, de reververación. Tres términos, en cambio, pueden generar una combinatoria de a pares, o diversos tríos con grados de incidencia distinta de cada variable. Me preguntaron cuánto tardaba en escribir una entrada de este blog. Al menos una semana, respondí. Lo que voy experimentando va rebotando en mi cabeza hasta que lo vierto en el post. Las semanas que pasaron estuvieron signadas por estas tres palabras: emprendedorismo, tecnología y solidaridad.

El sábado 9 de marzo tuvo lugar en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral, el primer DevFest Women de la Argentina, organizado por Google (en las personas de Nick Bortolotti y Arisbel González) y la Escuela de Posgrados en Comunicación (sobre todo en la persona de Ana Teste). Se trata de una actividad formativa para mujeres emprendedoras y desarrolladoras. Esta vez fue impartida, entre otros, por Lorena Diaz Quijano, Directora de la Cámara Argentina de Comercio Electrónico, que compartió buena y esperanzadora información sobre los negocios alrededor de Internet, Vanesa Kolodziej, una de las fundadoras de Palermo Valley, socia de Nazca Ventures, que aleccionó al auditorio con consejos para emprendedoras, con un estilo de gestión, que a mí me sonó algo calcado al estilo masculino, agonístico según Debora Tannen.

Era el único varón en un auditorio de cuarenta mujeres, de modo que me sentí practicando una observación participante. La actividad me pareció buenísma aunque algunos comentarios infiltraban hacia adentro de la comunidad “techie” femenina los prejuicios contra la mujer: “no somos buenas con los números”, “no programamos porque es algo abstracto”, etc.

El viernes 8 fui a conocer Nextperience, la empresa incubadora donde Pablo Mayer pone a punto su nuevo emprendimiento en juegos. Pablo es una garantía en la materia: creó Three Melons (desde donde produjo juegos sociales tan exitosos como “Bola”) que luego le compró Disney. Hoy quiere hacer de The Other Guys el HBO de los juegos. Efectivamente preparan productos con gran desarrollo narrativo, al estilo de las series televisivas. El motivo de mi visita a Pablo fue invitarlo a dar clases en la Maestría en Gestión de Contenidos. Creo que este primer master en content management del país evoluciona hacia el emprendedorismo y/o la gesión de proyectos, de una parte, y hacia la nueva generación de empresas de contenidos. El juego reúne todos los ingredientes: la necesidad de pensar a la vez el guión, la estética y la interacción con los usuarios, y la monetización (la misma gamification es un ejemplo para varias otras industrias); la gestión del talento procedente de equipos interdisciplinarios de escritores, programadores, diseñadores, empresarios, etc. Recientemente he escrito sobre transmedia y negocios inmersivos y de esto vamos a hablar en la Clase abierta, en la EPC, este martes 26 a las 9.30 en la Austral.

Hablamos de los makers, talleres de invención y resolución de problemas, de desarrollo digital y prototización de objetos, sobre lo que no tenía idea pero que me pareció un espacio ideal para el trabajo de los proyectos de contenidos que nacen y crecen en torno a la MGC y los nuevos proyectos de arte que están surgiendo, coherentes con la agenda de la EPC de unir más la gestión de contenidos con la gestión cultural. También conversamos bastante sobre otro proyecto suyo personal: Alimentes, una aplicación -programada por él- para llevar un inventario de las fechas de vencimiento de los alimentos del hogar o del negocio, con la finalidad de ciudar la salud y de estar en condiciones de donarlos a tiempo, ya que la mitad de los alimentos elaborados por el hombre se tiran.

En el centro Cifra, ya presentado varias veces en Comprensión discursiva, se incuban este tipo de proyectos. En el concurso del año pasado, incluso, decidimos concentrarnos en proyectos sociales, difíciles de comparar con los comerciales. Ganó Busca App, un sistema de etiquetas monitoreadas desde una aplicación para móviles, destinado a encontrar los objetos que se pierden habitualmente. Un desarrollo que servirá para mejorar la relación entre las personas que padecen Alzheimer y quienes las asisten. Las tres integrantes del equipo, by the way, son alumnas de la MGC.

El viernes 15 fue la definición de los premios Impactec de proyectos sociales (la consigna era usar la tecnología para mejorar la vida de un millón de personas) entregados por Socialab, Globant y Singularity University -a donde viajará el ganador- en el CMD. Me había invitado Enrique Avogadro, director del CMD. Fuimos con Martín Bonadeo, director de Cifra (quien por otra vía también fue elegido para viajar a Singularity). Participaba Alimentes -que obtuvo uno de los premios- y el proyecto Acámica, un sitio de Social Learning, para educación a distancia con un público más amplio que el de las universidades y contacto entre los alumnos, que también se presentó en el concurso de Cifra. Dos detalles sobre este proyecto: sus fundadores dejaron todo para dedicarse a él full time y uno de los integrantes del equipo es Tomás Escobar, de Cuevana, que algo sabe de generar tráfico.

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Estructura sin movilización, movilización sin estructura

OnceOla (Olga) Onuch volvió a visitarme en mi oficina la semana pasada. Es ucraniana, pero hoy vive en Gran Bretaña: es Newton Prize Fellow en Oxford. Está desarrollando una investigación sobre la eficacia de los partidos políticos para convocar al electorado, y de eso vino a hablar conmigo esta vez. Ya había estado cuatro años antes, oportunidad en la que me entrevistó a propósito de la movilización ciudadana argentina de 2001-2002, que ella encontraba similar a una de Ucrania en 2004. En Oxford trabaja con el protestigioso experto en medios italiano Paolo Mancini.

En mis respuestas a sus preguntas me di cuenta de que yo veo puntos de contacto entre la protesta social de 2001-2002 y las actuales movilizaciones de reclamo de grupos que se consideran excluidos de las políticas de Estado en esa arbitraria discriminación de víctimas que lleva adelante el gobierno de Cristina. Por estos días pienso especialmente en los familiares de las víctimas de las tragedias de Once y de la AMIA. Asimismo, los que sufren por la inseguridad, la violencia de género, los culposos accidentes de tránsito se movilizan pidiendo justicia, en un sentido bien distinto a la justicia que quiere la Presidenta. El punto de contacto que veo yo con el contexto de 2001 es este. Estas protestas son autoconvocadas, no siguen las consignas de los políticos profesionales. Sus protagonistas son públicos: antes fueron audiencias, conocen como nadie del tema público que los moviliza y saben cómo concitar la atención de los medios. Son expertos usuarios de las redes sociales, pueden llevar a la calle mucha gente, muy rápido. También es cierto que esa gente vuelve a retirarse del espacio público igual de rápido.

Esta corriente de descontento, muy numerosa si se suman los grupos (como quedó en evidencia en los cacerolazos de fines del año pasado) porque sus causas son solidarias unas de las otras, le pasa por el costado a los partidos políticos opositores, de modo que no logran capitalizarla. Los partidos con estructura (como puede ser la UCR o el Partido Socialista) conforman, sin embargo, estructuras sin movilización. Y eso porque la movilización sigue siendo movilización sin estructura. Hay todavía un tenue “dejennos solos” que recuerda al “que se vayan todos” de 2001-2002.

También hay dos diferencias importantes, sin embargo. La constatación de que esta emergente agenda en conformación no encontrará lugar en el gobierno de Cristina Kirchner lleva a pensar como buena cualquier alternativa que acelere el advenimiento de un post-kirchnerismo. La otra diferencia es que el kirchnerismo sigue administrando eficientemente muchos de los recursos de movilización clásicos del peronismo y cuenta aún con un zólaco de electorado cautivo asegurado por vía de asignación de recursos del Estado, más que nada en las provincias.

Está abierta la convocatoria del tercer número del journal Austral Comunicación, cuyo segundo número se puede encontrar ya completo en Internet. Incluye una reseña mía al libro de Sherry Turkle, Alone together, que vuelvo a colgar aquí, en la sección de Artículos de Comprensión Discursiva. También una muy buena entrevista de Francisco Albarello a Aleks Krotoski, la periodista de la BBC experta en la revolución virtual, que ya está circulando por las redes sociales.

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Mueve Dios. La renuncia de Benedicto XVI

el-papa-benedicto-xvi-renuncia-619x348Ya tenía preparada la entrada de la semana pasada cuando me llegó la noticia de la renuncia de Benedicto XVI. Recién cuando ésta inundó los medios, donde se empezaron a escuchar discursos parecidos, unos de católicos y otros de no católicos, me dieron ganas de escribir acerca del impacto personal que la noticia produjo en mí.

La renuncia de Benedicto XVI tomó por sorpresa a los cardenales que la escucharon de su boca, a su vocero y a los más prominentes vaticanistas (una especie de periodista sólo frecuente en Italia), por mucho que hoy se muestren signos y palabras del Papa que la anticiparan, como la entrevista con el periodista alemán Peter Seewald contenida en el libro Luz del mundo  de 2010. Nadie vaticinó este gesto inaudito de Benedicto XVI.

Algo se puede decir a una semana de este acontecimiento singularísimo para la Iglesia (cuyo precedente hay que ir a buscar al lejano 1415, según otra acuñación periodística) que se ha transformado también en un acontecimiento mediático, de esos a los que los medios le ofrendan generosamente páginas y minutos cada día, aunque no tengan mucho para agregar, como si hubiese que mantener el climax hasta el 28 de febrero, en que se hará efectiva la renuncia, o hasta el cónclave. No faltan intrigas palaciegas, aunque seguramente exagerarán los medios, ya que el exceso en el lenguaje hace sospechar de un defecto en la realidad noticiable. Las opiniones de diarios como El País (¡y El País!) (que aquí reproducen Página 12) son muy contradictorias. Se dice, por caso, que los grupos conservadores fueron quienes detuvieron las reformas del Papa, por ejemplo en materia de investigación de casos de pedofilia, cuando siempre se había sostenido que esos grupos mantenían al Papa en el poder.

No están menos desconcertados muchos católicos. He presenciado escenas de enojo con el Pontífice y leído un artículo de un comunicador católico, a quien conozco, que plantea que con la renuncia el Papa quebró la tradición, tan preciada para él. No puedo estar más disconforme con estas opiniones. Me atrevería a decir que quien no puede entender la renuncia de Benedicto XVI no entendió su magisterio, ni su persona. Como tuiteó Gonzalo Peltzer: luego de esta renuncia no se comprende bien porqué los papas antes no renunciaban. De aquí en más, los papas (y otras autoridades eclesiásticas ancianas) podrán pensar en paz que lo correcto en determinadas circunstancias es renunciar.

Benedicto XVI es un intelectual, un hombre sumamente espiritual, de una inteligencia extraordinaria, que, contrariamente a lo que piensan los no católicos, se ha aventurado en sus exquisitas opiniones -que siempre distinguió del dogma- mucho más allá que ningún otro Papa del siglo XX en cuestiones como la fundamentación de la ética, la libertad religiosa, la autonomía de la razón. Debatió con Jünger Habermas e invitó a Julia Kristeva a la Jornadas de la Paz de Asis. Propuso la imagen del patio de los gentiles (en alusión al templo judío, que disponía de un sitio para recibir a los no judíos) para proyectos de diálogo con los no creyentes. Conectó como nadie su reflexión teológica con la judía. Lo prueban los dos tomos de Jesús de Nazareth. Nos acercó a un Jesús amable y fascinante. Sus encíclicas plantean de modo notablemente renovado la incidencia del amor y la esperanza cristianas.

No comprendió la lógica mediática. Siempre habló como un profesor universitarios ante colegas y alumnos. Así sucedió en la Sapienza, donde no pudo hablar, y antes en Ratisbona, donde las advertencias sobre los efectos de su discurso fueron desechadas por sus colaboradores (según se cuenta en el libro Attacco a Ratzinger). Quedó atrapado en escándalos donde él era justamente quien venía a reparar la transgresión. Al calvario moral de la pedofilia se sumó el sacrificio de ser transformado en chivo expiatorio ante la opinión pública. Otra cruz fue la contumacia de los lefebvristas a quienes intentó recuperar.

La lógica del poder terreno de la Iglesia visible también le excedió. Quizo cambiar la estructura corrupta de la curia y, seguramente, se encontró con la defensa de intereses, y la división de la que habla. Su decisión no puede ser más costosa para él y a la par, más racional. Tomada con plena lucidez, el Papa cede la tarea a un sucesor con más energía para concretar las transformaciones advertidas por él. Como dice un texto que circuló ampliamente por las redes sociales Joseph Ratzinger renunció a todo en la vida. Renuncia a coronar su pontificado con la muerte y recibir la pompa fúnebre, como renunció a una ancianidad tranquila, rodeada de libros y de música, cuando fue elegido Papa en 2005.

Benedicto XVI se sintió siempre un instrumento de Dios. En su primera aparición en San Pedro se caracterizó como humilde servidor en la viña del Señor. Una idea muy poderosa de su predicación es que Dios actúa de manera imprevista, se mete en la historia de la humanidad y en la vida de las personas para solucionar los problemas que no tienen solución, para traer la novedad completa. “Ahora mueve Dios”, viene a decir el Papa justo al final de la partida. La imprevisible renuncia de Benedicto XVI puso en movimiento a la Iglesia, en donde abruptamente se revela el liderazgo del Papa entre los fieles. Este Papa inspiró a los católicos para verse como minoría, para renunciar al poder, para el diálogo racional, para la comprensión, para reconocerse limitados y ponerse del lado de los más frágiles, para dejar hacer a Dios. Entonces, el impacto que me produjo a mí la renuncia del Papa (al fin de cuentas este es mi blog) es preguntarme: ¿qué sorpresa tendrá preparada Dios también para mí en este exacto momento de mi vida?

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Verano y consumo cultural

SANYO DIGITAL CAMERAAl azar de YouTube dí con un videíto en el que Noe Jitrik habla de la escritura. Y dice que el comienzo de un texto es la ruptura de un equilibrio previo, que podría continuar indefinidamente. El miedo a quebrar esa estabilidad, por gris que sea, explicaría por qué tantas personas se resisten a escribir, y a leer, incluso (desde el momento en que leer de verdad es una producción). Por eso cuesta tanto empezar. Y me costó tanto a mí retomar el blog. Me gustó la idea y la transformé en un título para un ensayo de un examen de febrero en la carrera de comunicación. Una alumna me sorprendió con una pieza intensa que no sabía que ella podía generar. Los docentes tendemos a congelar nuestro recuerdo de las competencias de nuestros alumnos, somos los primeros en desconfiar del proceso educativo, de la transformación en la que decimos estar empeñados.

De transformación trata esta entrada. Hace más de un año leí una entrevista a Juan José Sebreli (imposible de recuperar) en donde decía que no se iba de vacaciones porque no quedaba agotado de un trabajo alienante que le exigiera una desconexión. Es una idea que desarrolla, creo, en su libro sobre Mar del Plata: al trabajo sin sentido le sigue un ocio represivo. A los profesionales simbólicos (profesores, escritores, periodistas, científicos sociales) nos descansa lo que, a Dios gracias, nos toca hacer gran parte del tiempo durante el año (aunque durante el año otras muchas cosas nos cansan más que a nadie). La diferencia notable de las vacaciones es que hacemos esas cosas por puro gusto y sin premura, respetando los tiempos que demandan, integrándolas sin ansiedad a la vida familiar y social, al ciudado del cuerpo propio y de los nuestros. Me refiero a las ocupaciones de leer, consumir cultura, reflexionar, escribir, que durante el año, por muy profesionales simbólicos que seamos, no logramos realizar con el mínimo de serenidad que exigen.

Pues bien, leí bastante. Literatura, primero que nada. Mujeres escritoras, que es lo que más me gusta leer últimamente: Clarice Lispector, Amelie Nothomb, Reza Yazmina, Ángeles Mastretta. En cambio, no me gustó el best seller La delizadeza de Davis Foenkinos, demasiado al servicio de una liviana película romántica, como terminó siendo. Al volver de Bolivia, donde fui de vacaciones, los últimos días de enero, me puse a concluir la lectura de algunos libros teóricos, no urgentes pero importantes. Me agregó mucho Consumo, cultura y sociedad de Roberta Sassatelli, publicado el año pasado por Amorrortu. Conocí a la autora, socióloga italiana, en octubre de 2012 en un Congreso Internacional de Comunicación y Consumo en el que participé, en la Escola Superior de Propaganda e Marketing de San Pablo. Personalmente, estoy trabajando sobre la intersección entre los consumos culturales y la construcción de ciudadanía y encuentro notable sintonía con los planteamientos de algunos profesores del Master en Comunicación y Prácticas de Consumo de la ESPM, programa que reúne un marco teórico sólido y amplio con una deliberada bajada al mercado y a la sociedad, como intentamos hacer desde la Escuela de Posgrados en Comunicación de la Austral. Creo que el consumo -tan importante en el modelo económico argentino actual- merece ser analizado desde un punto de vista antropológico, como mecanismo identitario, como práctica cultural y social. Ese enfoque corre al consumo del paradigma del marketing, sin negarlo, al de las ciencias sociales.

Les dejo en la solapa de “Artículos” uno que publiqué recientemente en un número del Journal of Communication Studies, dedicado a la relación entre comunicación y memoria. Se titula: “Media cases and social memory in Argentina post 2001” y sobre el final plantea el concepto de público, que es el nombre que mejor localiza este devenir ciudadano del consumidor.

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