Francisco, emprendedorismo y comunicación

ideasEl mismo 13 de marzo, me preguntó @juanibelbis por Twitter: “¿Cómo impactará la elección del primer Papa argentino en la vida política de nuestro país?”. No estaba entonces en condiciones de contestar semejante pregunta, ni lo estoy ahora. Quizás este sea más bien el momento de indagar el significado espiritual de la novedad. Como anticipé aquí mismo: para sorpresas, Dios. Los medios sí han hablado mucho: análisis microscópicos de los gestos de Francisco, hipertrofia de la anécdota. Hubo que llenar tanto espacio y tanto tiempo con materia tan desconocida para la tele, para Caras o Gente, que estamos ante una proeza periodística.

Primero los periodistas empezaron a hablar como curas. Luego, los políticos siguieren hablando como Obispos. La conversión del kirchnerismo al francisquismo no deja de ser patética expresión de verticalidad por el hecho de que vaya en la dirección que nos gusta. No pasará por ahí la influencia del Papa Francisco sobre su patria. En cambio, advierto otros síntomas más auténticos y de gran influencia también en el espacio público. El primero es el de la esperanza renovada en un horizonte negativo en lo económico, político y social. Luego viene el hecho de que nos hayamos puesto a hablar de religión, en un país de católicos vergonzantes. Las primeras palabras de Francisco se dirijen a recuperar la esencia del cristianismo: la sencillez, el ciudado del otro, la lucha por la paz y contra la probreza. Estas actitudes van a infiltrase de a poco en el estilo de vida de los argentinos. La primera vez que Berlusconi ganó las elecciones, Umberto Eco dijo que había vencido porque tenía un emporio de medios de comunicación (Mediaset) que le había permitido, no tanto hacer márketing electoral como armar la mentalidad de sus electores: la axiología del capitalismo individualista. Igual de indirecta será la influencia de Francisco, pero en dirección opuesta. José Alberto Romero ya se ocupó de hacer una lectura más directa y ecuánime de la mentalidad política del Papa. Coincidí con él en octubre del 2012 en Tucumán, invitados ambos por la Escuela de Jóvenes Líderes del Instituto Lebenshon. Proféticamente hablamos del cruce entre política y religión.

Tal vez se haya cruzado otra agenda, trascendente, en la política doméstica. Tal vez el capital simbólico del kirchnerismo compita ahora con el de una Iglesia argentina alineada con Francisco que opera en el mismo pueblo. El catolicismo no tiene una única opinión política, pero el Evangelio tiene consecuencias en la vida social (y en la gestión). La utopía evangélica es empeñarse totalmente en el bien de todos los hombres y de todo el hombre.

Hablando de esperanza: hay una movida en Buenos Aires que vincula los conceptos de Emprendedorismo, Tecnología y Solidaridad. Dos términos remiten a una relación polar o, cuanto más, de reververación. Tres términos, en cambio, pueden generar una combinatoria de a pares, o diversos tríos con grados de incidencia distinta de cada variable. Me preguntaron cuánto tardaba en escribir una entrada de este blog. Al menos una semana, respondí. Lo que voy experimentando va rebotando en mi cabeza hasta que lo vierto en el post. Las semanas que pasaron estuvieron signadas por estas tres palabras: emprendedorismo, tecnología y solidaridad.

El sábado 9 de marzo tuvo lugar en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral, el primer DevFest Women de la Argentina, organizado por Google (en las personas de Nick Bortolotti y Arisbel González) y la Escuela de Posgrados en Comunicación (sobre todo en la persona de Ana Teste). Se trata de una actividad formativa para mujeres emprendedoras y desarrolladoras. Esta vez fue impartida, entre otros, por Lorena Diaz Quijano, Directora de la Cámara Argentina de Comercio Electrónico, que compartió buena y esperanzadora información sobre los negocios alrededor de Internet, Vanesa Kolodziej, una de las fundadoras de Palermo Valley, socia de Nazca Ventures, que aleccionó al auditorio con consejos para emprendedoras, con un estilo de gestión, que a mí me sonó algo calcado al estilo masculino, agonístico según Debora Tannen.

Era el único varón en un auditorio de cuarenta mujeres, de modo que me sentí practicando una observación participante. La actividad me pareció buenísma aunque algunos comentarios infiltraban hacia adentro de la comunidad “techie” femenina los prejuicios contra la mujer: “no somos buenas con los números”, “no programamos porque es algo abstracto”, etc.

El viernes 8 fui a conocer Nextperience, la empresa incubadora donde Pablo Mayer pone a punto su nuevo emprendimiento en juegos. Pablo es una garantía en la materia: creó Three Melons (desde donde produjo juegos sociales tan exitosos como “Bola”) que luego le compró Disney. Hoy quiere hacer de The Other Guys el HBO de los juegos. Efectivamente preparan productos con gran desarrollo narrativo, al estilo de las series televisivas. El motivo de mi visita a Pablo fue invitarlo a dar clases en la Maestría en Gestión de Contenidos. Creo que este primer master en content management del país evoluciona hacia el emprendedorismo y/o la gesión de proyectos, de una parte, y hacia la nueva generación de empresas de contenidos. El juego reúne todos los ingredientes: la necesidad de pensar a la vez el guión, la estética y la interacción con los usuarios, y la monetización (la misma gamification es un ejemplo para varias otras industrias); la gestión del talento procedente de equipos interdisciplinarios de escritores, programadores, diseñadores, empresarios, etc. Recientemente he escrito sobre transmedia y negocios inmersivos y de esto vamos a hablar en la Clase abierta, en la EPC, este martes 26 a las 9.30 en la Austral.

Hablamos de los makers, talleres de invención y resolución de problemas, de desarrollo digital y prototización de objetos, sobre lo que no tenía idea pero que me pareció un espacio ideal para el trabajo de los proyectos de contenidos que nacen y crecen en torno a la MGC y los nuevos proyectos de arte que están surgiendo, coherentes con la agenda de la EPC de unir más la gestión de contenidos con la gestión cultural. También conversamos bastante sobre otro proyecto suyo personal: Alimentes, una aplicación -programada por él- para llevar un inventario de las fechas de vencimiento de los alimentos del hogar o del negocio, con la finalidad de ciudar la salud y de estar en condiciones de donarlos a tiempo, ya que la mitad de los alimentos elaborados por el hombre se tiran.

En el centro Cifra, ya presentado varias veces en Comprensión discursiva, se incuban este tipo de proyectos. En el concurso del año pasado, incluso, decidimos concentrarnos en proyectos sociales, difíciles de comparar con los comerciales. Ganó Busca App, un sistema de etiquetas monitoreadas desde una aplicación para móviles, destinado a encontrar los objetos que se pierden habitualmente. Un desarrollo que servirá para mejorar la relación entre las personas que padecen Alzheimer y quienes las asisten. Las tres integrantes del equipo, by the way, son alumnas de la MGC.

El viernes 15 fue la definición de los premios Impactec de proyectos sociales (la consigna era usar la tecnología para mejorar la vida de un millón de personas) entregados por Socialab, Globant y Singularity University -a donde viajará el ganador- en el CMD. Me había invitado Enrique Avogadro, director del CMD. Fuimos con Martín Bonadeo, director de Cifra (quien por otra vía también fue elegido para viajar a Singularity). Participaba Alimentes -que obtuvo uno de los premios- y el proyecto Acámica, un sitio de Social Learning, para educación a distancia con un público más amplio que el de las universidades y contacto entre los alumnos, que también se presentó en el concurso de Cifra. Dos detalles sobre este proyecto: sus fundadores dejaron todo para dedicarse a él full time y uno de los integrantes del equipo es Tomás Escobar, de Cuevana, que algo sabe de generar tráfico.

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Una respuesta a Francisco, emprendedorismo y comunicación

  1. Claramente lo que hoy permite gestar proyectos digitales es, en gran medida, la solidaridad y la puesta en común que se hace a partir del trabajo colectivo traducido en inteligencia multiplicada. Me gusta mucho llamarla la “web social” porque no sería tal si no hubiera este sentido de colaboración donde, en muchos cosas, el inicio de un proyecto se hace por pasión y ganas.

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