Cristina y la campaña cultural

Hace rato que Cristina no gobierna, y todo parece indicar que su campaña electoral se va a basar en una ya gastada retórica de sustantivos abstractos como “modelo”, “progresismo” y “lealtad” y no en la gestión ocurrida y por venir. En ningún momento dejé de pensar que Cristina se presentaba a las eleciones y que va a ganar en primera vuelta, por diferencia de más de diez puntos con el segundo. Realmente creo que sufrió profundamente la pérdida de Néstor, que es emocionalmente inestable, y que hubiese preferido controlar el poder sin ejercerlo formalmente (como logró hacer su marido) pero nada más lejos de su mente que alejarse del poder.

Carlos Pagni fue el que mejor explicó por qué la falsa ilusión de la derecha -que suele confundir lo que quiere que pase con lo que cree que va a pasar- de que la Presidenta se iba a bajar, era políticamente imposible. Entre otros argumentos figuran que el matrimonio Kirchner no largó el poder desde 1987 y que Cristina lo sigue ejerciendo de un modo centralista, puertas adentro, sólo acompañada de un entorno cada vez más reducido: otro rasgo autoritario.

El día que eligió a dedo a Filmus como canditato a Jefe de Gobierno de la Ciudad, ni él ni los otros dos postulantes conocían el veredicto. El encuestador oficialista Artemio López me dijo que él nunca había visto una cosa igual. Le faltaba ver algo más sorprendente todavía. Como en la entrega de los Oscar (o mejor, los Martín Fierro) Amado Boudou se enteró junto con los demás invitados y la gente que lo miraba por TV, que era el elegido para acompañar a la Presidenta en la fórmula. No sé si eso es más sorprendente que el hecho de que Cristina haya usado la cadena nacional para anunciar su decisión de buscar la reelección.

Dicen que ella define hasta las listas de las provincias. El caso de la provincia de Buenos Aires es el más patético. Siempre pronto para tragar el sapo, Daniel Scioli tuvo que aceptar que le plantaran un comisario político, Mariotto, quien vigilará desde su oficina de Vicegobernador la sinceridad del kirchnerismo del Gobernador. Es casi cómica la noticia de Página 12 en la que Mariotto asegura que Scioli le ofreció el puesto.

Recientemente he estudiado, para un libro que edita Mario Riorda, los discursos de Cristina Kirchner durante el enfrentamiento con las entidades del campo en 2008. Dos caracterísiticas se destacan: su modo de entender el disenso desde los límites, es decir mostrándose ella como quien tiene no una visión sectorial sino de conjunto y el mandato popular para dirimir los conflictos. Por lo cual los disidentes tienen la obligación de entender sus razones y ella tiene la prerrogativa de la última palabra. La otra características es la incorporación de los medios como actores en su discurso hasta ocupar el centro de la escena. De ser los cómplices de las corporaciones adversarias a ser ellos mismos los enemigos. Después de estos discursos (y después de perder las elecciones de 2009, hay que recordarlo) se pasó al plano de los hechos: fútbol para todos, ley de medios, campañas desde los medios públicos y amigos. Uno de esos hechos, y no el menos importante, fue la aparición de 6, 7, 8 como traducción al lenguaje televisivo de los temas y argumentos de la intelectualidad oficialista.

Para mí Cristina es menos irritante que Néstor, y tiene bastante para mostrar en el terreno económico y social, por lo cual no dudo de que va a ganar y a veces pienso que es lo que nos conviene, aunque yo no la votaría jamás. Desestimo la idea cuando caigo en la cuenta de lo que puede ser un tercer gobierno kirchnerista, al proyectar algunas actitudes y maniobras in crescendo.

Por una parte, pareciera que CFK quiere purificar la alianza de poder que heredó de su marido, de algunos impresentables: Moyano, los Schoklender, Morgado. Pero al mismo tiempo necesita de la conducción de la CGT, de Hebe de Bonafini, y sostiene a Rachid en la lista de Buenos Aires. La denuncia de las estafas en la Fundación de las Madres es sintomática. La mayor parte de las organizaciones defensoras de los derechos humanos, incluyendo SERPAJ de Pérez Esquivel y la Línea Fundadora de las Madres, tomaron distancia de Hebe por su alianza con el Gobierno y por sus actitudes. Por su modo inconsulto de alinearse con el poder. Vaticino que el tercer gobierno será el más autoritario.

El relato único ya está en marcha. Para el gobierno este momento de la batalla es cultural. Y eso quiere decir lograr el monopolio del “progresismo”, controlar la circulación del discurso al interior de ese gran colectivo y denunciar a todos los otros -¡todos los otros!- como los gorilas, los aliados de las corporaciones, la derecha (menemista ya no sería un estigma, desde el momento en que el poder pactó también con Carlos Menem). La capacidad de sumar al “progresismo” a elementos que resultan todo lo contrario es solo comparable de la capacidad de expulsar al infierno de la derecha a elementos que resultan todo lo contrario.

Por eso fue también significativa la visita de Beatriz Sarlo a 6, 7, 8 (y 2, y 3, y 4). Argumentó mejor que los seis periodistas y los otros invitados, que respondían ya con elementales discursos de barricada (el caso de Mariotto, quien de Decano de una universidad nacional se transformó en ese militante que azuzaba a la escritora con chicanas que ella respondía hábilmente, generando simpatía en la platea oficialista), ya con exposiciones teóricas, abstractas, ingenuamente alejadas de las malas prácticas políticas del kirchnerismo (el caso de Forster).

Contrariamente a lo que piensa Verón, quien en una nota del diario Perfil opina que Sarlo le hizo el juego a la promoción oficialista, yo creo que la intelecual salió airosa en un programa de TV donde tenía todas que perder. No se posicionó como una boxeadora triunfante, como dan a entender las reseñas periodísticas de los diarios críticos, si no que demostró que es posible traducir el pensamiento a un discurso procesable por la TV, incluso por un programa de Gvirtz al servicio del oficialismo, y eso es una defensa de la función política de la TV por la vía de los hechos. Es interesante que el kirchnerismo considere como opositora política a esta intelectual. Debe ser porque ella puede reducir las falacias de la Teoría K. Por ahí pasa la batalla en estas elecciones para CFK. En un momento, Forster le preguntó a Sarlo a dónde estaba para ella el poder y ella rechazo el planteo por genérico. Podría haber contestado: ustedes son el poder.

(Cristina va a ganar las elecciones, si sos crítico al gobierno: ¡agarrate!)

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